lunes, 8 de junio de 2020

THE BOOKS

SALMO 15 / (LOS LIBROS)
de Libro de los salmos (Devenir, 1997) / (Revisión 2019)

Se sabe de los libros,
cuando la tarde es breve y la luz pasa
vertical, que se leen con dulzura
como si fueran parte de un tratado,
una alianza de paz, un beso inoportuno
esa mano ese libro una persona
que nos mira y nos lee al que miramos.

Se dice que responden
a una llamada ingenua libre urgente,
que gustan con el trato y el camino,
pero no agitan las palabras, ni se ponen
a brincar al sonido de las llaves
en la puerta: que de vez en vez
abandonan la casa para nunca
más, en los brazos de otras gentes,
que no alborotan, que no son, que nunca sufren.

Hay manos en las noches,
como cortinas y encajes de un sexo
distraído, que buscan en sus páginas
restos de algún adiós: se sabe
de los libros que se dejan
besar, tocar, amar como los cuerpos,
que son cuerpos -me dicen- de personas,
que definen su sexo según sea
el lector y la historia y su contorno.

Me digo que no sé qué son los libros:
hablo para mi muerte y mis amigos
muertos: pido al viejo
hacedor de las cosas
el milagro de vernos reunidos
otra vez: en un carro,
en una cripta, en un baúl, en una hoguera.

Que una mano inexperta libre urgente
nos pida la palabra, y así hagamos
un nuevo contertulio: nos describa
su rostro y le miremos y nos lea.

                                    Jesús Urceloy

 LAS PUERTAS Y LOS OJOS

de Officium (Amargord, 2014)

aceite
llenos de aceite
chorreando las manos de aceite
consumidos en el aceite
garabateando letras en el nutriente aceite
gárgaras de aceite
construcciones polares de aceite
hijos de aceite
allí
sobre esta mesa limpia de los matrimonios
sobre esta cara amarga para los días doce
con el grito de aquellos que en la contemplación del aceite
han abierto los ojos y han decidido matar
por la belleza de los rostros abrasados tras el aceite hirviendo
por las palabras de los que han muerto a golpes y aceite de ricino
por los ensangrentados que riegan con su aceite
las flores los desiertos los urinarios
yo
hombre de un solo rifle y una misma carencia
dejo
en el aceite que mancha mis vestidos
en el aceite ambiguo de la desolación
en el aceite con que se embalsaman peces sin espinas y carnes deshuesadas
mi mano impresa sobre un periódico
sangrando aceite
cediendo el aceite
alumbrando con este aceite
un cuarto vacío
un cuarto donde una botella
en el suelo
se derrama


            Jesús Urceloy

 

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